viernes, 27 de enero de 2012

Consejos para afrontar la debacle sistémica


Help! I'm dying!

El motor de este sistema herido de muerte se apaga. Ni las técnicas de primeros auxilios, ni las cirugías, ni siquiera los trasplantes servirán; es imposible salvar al condenado a la horca. Muchos intentarán hacer como si no pasara nada, pues tienen un interés vital en que el actual paradigma continúe vivo, ya que sus privilegios individuales, sus excesos y crímenes no castigados, beben de él. Pero el barco se hunde, pidiendo a gritos un cambio que nadie parece estar dispuesto a poner sobre la mesa.

Entre tanto, como individuos, hay una serie de actitudes que podemos adoptar para que los años de austeridad e inestabilidad económica no nos afecten en demasía. Tales actitudes, sobra decir, son perfectamente válidas incluso en épocas de bonanza, ya que se fundamentan en una premisa básica: consume únicamente aquello que necesites de verdad, razonadamente. De ese modo, escapamos al lazo invisible que nos echan las empresas, llevándonos por el redil del consumo descontrolado, irresponsable e ilógico.


En primer lugar, tenemos que reducir el consumo, en general y en concreto. No es una cuestión que se limite al plano monetario; muchas veces consumimos por el placer de consumir, sin que haya una necesidad real subyacente al acto de la compra. Pongo como ejemplo a esas personas que se van de tiendas todas las semanas -a veces todos los días-, y se tiran las horas delante de escaparates. Bien, por un lado me alegro por ellas (tienen una cuenta bancaria bien inflada que se lo permite), pero por otro lado pienso que a lo mejor esa tendencia a la compra continua esconde algún tipo de carencia emocional, puesta ahí por los titiriteros del sistema. ¿El placer de la compra? ¿La creencia de que la ropa les abrirá nuevas puertas o posibilidades?

En mi caso, hace casi un año que no compro ropa, porque no la necesito, y no tengo ningún reparo en seguir así hasta que una necesidad real me obligue a ir a la tienda. Mi armario está surtido de prendas variadas y en perfecto estado. No digo que no podamos darnos un capricho de vez en cuando, ni que vayamos andrajosos por la vida, pero tenemos que parar la estupidez intrínseca de "ir de compras porque sí". Esto es aplicable a todo: electrónica, muebles, utensilios de laboratorio para el cultivo de cepas mortales de viruela, etc.

Consumir menos, a la postre, redundará en un beneficio para el medioambiente, ergo, en una mejor salud de los que habitan el planeta. ¿O acaso ves una razón de ser a este crecimiento ilimitado, edificado sobre el consumo sin pausa y los abusos al medio? ¿Qué sentido tiene que las cosas duren cada vez menos y estén más caras? ¿Cómo permitimos este despropósito? ¿Somos memos? Los recursos son condenadamente finitos, deberíamos saberlo. En una palabra: locura.

En segundo lugar, para hacer efectiva la primera premisa, tenemos que desmarcarnos del grupo, desoyendo a los medios de comunicación, sesgados y contaminados por intereses económicos, y a la sociedad en general, que te empuja a consumir para ser feliz. Tener X aparato, vestir de Y manera, conducir Z coche o realizarte un mastodóntico estiramiento de pene en una clínica ilegal tailandesa no te hace mejor. Ellos te lo venden como requisito indispensable para la elaboración de la fórmula del éxito, pero es todo humo. No serás más feliz, solo más dependiente de lo material y de la opinión de los demás; garantizado.

Aquellos que te "quieren" por lo que tienes o lo que aparentas, son totalmente prescindibles en tu vida. Te perjudican con sus vacuos razonamientos y huirán como ratas ante el mínimo signo de problemas. Son esclavos del sistema y tienen mente colmena; no esperes gran cosa de ellos.

En cuanto a las autoridades... las noticias, los periódicos, los gobiernos, etc., están todo el día con la crisis a vueltas. Es un ejemplo de condicionamiento negativo. Que si la Bolsa se hunde, que si tal país necesita un rescate, etc. Con ello te "justifican" que vas a cobrar menos y pagar más y que te recortarán tus derechos; es un puñetero invento para mantenerte quieto y callado, dentro del lienzo que pintan ellos. La única crisis real es la que se han montado los dueños del tinglado, y con un poco de suerte se les acabará el chollo pronto. Lo mejor que nos puede pasar es que el sistema reviente de una vez por todas y podamos construir algo nuevo sobre estas ruinas apolilladas. No debemos desear bajo ningún concepto la recuperación de esta estructura defectuosa, ya que de ser así todo seguiría igual y no avanzaríamos.

En tercer lugar, hemos de prescindir en la medida de lo posible del coche. Subirnos a nuestro vehículo para desplazamientos dentro de nuestra ciudad es un dislate. Consume una barbaridad, tardas más tiempo buscando aparcamiento que llegando a pie, y contribuye a empobrecer tu salud, por el sedentarismo, además de contaminar que da gusto. Si limitamos su uso, veremos que nuestros ahorros crecen y que nuestra salud mejora. Idealmente, si no lo necesitamos podríamos considerar la opción de vender el coche, y así librarnos de seguros, impuestos y compañía.

El automóvil es un símbolo de una época, en mi opinión, realmente lamentable y que es mejor superar cuanto antes.

En cuarto lugar, reprogramar nuestros hábitos en casa. Dejar la tele encendida mientras estamos en otra estancia, abrir el grifo sin interrupción al lavar los platos, no apagar las luces de la habitación, no reciclar... Este es uno de los primeros obstáculos que tenemos que superar, pero a la vez el más fácil. Si hay contenedores habilitados para la separación de residuos domésticos cerca de nuestra casa, no tenemos excusa para no hacerlo, salvo que seamos diminutas marmotas y no podamos llegar a las ranuras de los susodichos contenedores. Puntualizar que si hemos seguido la primera premisa meridianamente bien, no deberíamos tener tanta basura que separar después.

Bueno, ya sé que no son unos consejos muy concretos, pero creo que se entiende la idea general: se puede vivir perfectamente con menos. No necesitamos tanto como nos hacen creer y, sobre todo, la cantidad no nos dará la felicidad. Si así fuera, ¿por qué este planeta tiene tantos problemas? Nada más que decir.

Por Elemento Cero


Alimentación y veneno

Magdalenas resecas. Ricas en minerales.
El ser humano es una máquina bastante adaptativa, y mucho más resistente de lo que pensamos. A veces, se sobrepone a dolores mayúsculos de forma sorpresiva; es capaz de aguantar tormentos indecibles en determinadas ocasiones, marcándose como objetivo la supervivencia a toda costa; puede identificar dolencias concretas y adaptar su alimentación para mitigar los dolores y acelerar la recuperación...

No en vano, la evolución ha contribuido al desarrollo de unos sistemas perfectamente especializados y coordinados, integrados en un todo que funciona en armonía -el cuerpo-. Este organismo, a mayores, cuenta con "fuerzas de seguridad" que se encargan de limpiar y eliminar elementos indeseados. Por si fuera poco, los procesos mentales de alto nivel que tienen lugar en el cerebro otorgan a este animal un plus de supervivencia, puesto que con su incuestionable inteligencia evitará situaciones de riesgo, fuentes causantes de enfermedades o alimentos en mal estado.

Es una criatura muy completa, en resumen, que no es inmortal pero que puede alargar mucho su vida si se cuida bien. Por desgracia, el ser humano no tiene en cuenta la principal amenaza a su propia existencia: otros seres humanos. Me explico: desde que vivimos en asentamientos más o menos organizados, en grupo, hay unos individuos concretos que se dedican a proporcionar alimento al grupo, ya sean los cazadores de la época de las cavernas o los agricultores del medievo.

Sucede que, con el auge del capitalismo y el afincamiento de los valores humanos en el consumo desproporcionado e irreflexivo, esas personas que ponen alimentos en nuestras mesas han pensado que tal empresa puede ser muy productiva. ¿La clave? Reducir los costos de producción -pues hoy en día ya no se caza-, reducir los controles de calidad, hacer la vista gorda en general y vender a un precio asequible la aberración, que acto seguido será devorada sin pestañear por miles y miles de ciudadanos, con demasiada prisa y poco espacio para cultivar su propio sustento.

A largo plazo vienen los problemas. Esos animales anormalmente hormonados (para que crezcan rápido), esos pesticidas, esos cultivos transgénicos, esos piensos baratos que traen de todo, esa cantidad anormal de sal y azúcar que echan incluso en el pan... tienen premio. El premio es: enfermedades de corazón, obesidad, daños a órganos vitales de carácter acumulativo, complicaciones respiratorias y mil pandemias extra, cuyo origen reside en el consumo mantenido de productos venenosos, cuya producción es -a todo punto- antiética.

Se busca el beneficio, y no hay beneficio en esperar a que los animales crezcan lentamente, que mitad de la cosecha se pierda por una plaga o que el ganado se tenga que alimentar con forraje de buena calidad. La clave del éxito reside en gastar lo menos posible en la producción de un alimento, que desde luego no sabrá nada mal, pero que será una bomba para el organismo. Los gobiernos lo permiten; no os confiéis: las etiquetas nos cuentan muy genéricamente, y de manera eufemista, los ingredientes usados en la elaboración de X producto. Así, se alientan los hábitos saludables en lo que a alimentación se refiere, pero se tolera la venta de comidas y bebidas que atentan contra la salud. Una contradicción más, una de tantas.

En consecuencia, ¿cómo podrá el sistema circulatorio afrontar el flujo continuo de grasas mutadas? ¿Cómo podrá nuestro organismo mantenerse en condiciones óptimas ante el bombardeo constante de azúcares? ¿Qué pasa con los pesticidas y su herencia química?

Mirad un momento las etiquetas de los productos que tenéis por casa; incluso aquellos que por lógica no deberían tener sal, la tienen, y lo mismo con el azúcar o con el gluten. El mismo caso es aplicable a la lactosa. Una persona intolerante a la lactosa no solo ha de dejar de consumir leche y productos derivados, sino que tendrá que renunciar forzosamente a una interminable lista de productos que utilizan el susodicho compuesto en su receta (pan de molde, chocolate, etc.).

Puede que algunos piensen que esto es el precio a pagar para que todos podamos comer algo, pero lo cierto es que se fabrica comida para 12.000 millones de habitantes, todos los días. Es el ejemplo de un sinsentido: sobra comida, pero hay hambre... Aunque esa ya es otra historia. Todo gracias a Don Dinero.

P.D.: podríamos seguir tirando del hilo. ¿Qué hay de los sulfatos que llevan los champús? ¿Por qué las pastas de dientes llevan fluoruro sódico, que es una potente neurotoxina?

Por Elemento Cero


jueves, 26 de enero de 2012

Marco, siempre en nuestros corazones

Alter ego
Hace no mucho se me vino a la cabeza algo que quería aprovechar para plasmar en este espacio. Estaba seguro de que si no había pasado la fecha estaba muy cerca. Al final, justo hace una o dos semanas, supe por los periódicos que no me había equivocado. Os preguntaréis: ¿Y de qué se trata? Pues es algo triste y precioso a la vez. Simplemente quería homenajear al gran ciclista del que he tomado prestado mi pseudónimo y que murió hace aproximadamente 6 años en una solitaria y triste habitación de un hotel de Rímini, en las cercanías de la ciudad de Cesena y muy próximo al estado de San Marino. No es otro que Marco Pantani. Conocido como Il Pirata ahora a lo último y en sus inicios como Il Elefantino.
El grande y más puro escalador de las dos últimas décadas. Su inconfundible estilo asiendo la parte baja del manillar no se olvidará nunca. Es bello recordar como ascendía los más grandes puertos de montaña de Europa y el mundo en su característica postura incluso desafiando a las leyes de la aerodinámica. Batiéndose contra el viento, contra las pendientes, contra el quilometraje, contra todo y contra todos. Sus implacables ataques en los que se decía que nunca miraba hacia atrás no dejaban indiferente a nadie. Siempre decidido a caminar con paso firme para llegar al cielo sin ayuda, y así alcanzar la gloria que sólo aguardaba a los mejores. Elgrimpeur por excelencia. Ligero y fuerte a la vez, nadie quedaba impune ante los castigos con los que el transalpino atizaba los corazones de los aficionados fueran cuales fueran sus nacionalidades. Sus gestas rememoraron épocas ya pasadas. Recobraron el ciclismo más romántico y ya perdido en el horizonte de la línea cronológica anterior. Siempre habrá un motivo o instante que recordará a este grande. Era un campeón, aunque seguramente no fuera el que tuviera mayor carácter y personalidad.
Y quizá fuera esa su única debilidad. Exactamente la que lo llevó a terminar su vida como lo hizo: por sobredosis de cocaína y en medio de una depresión. Seguramente causada a la larga por los hechos acaecidos en aquella fatídica mañana de aquel sábado 5 de junio de 1999. Rápidamente se convirtió en el chivo expiatorio sobre el que cargar todos los males del ciclismo renacidos un año antes en el Tour de Francia debido al caso Festina. Fue su tumba en vida y algo tremendamente injusto que lo marcaría para siempre. Y digo injusto cuando a las pruebas me remito sabiendo que justo antes de morir había sido exculpado de toda acusación tras largos procesos judiciales, demandas, trámites, etc. Al menos su nombre caminaría limpio hacia el camposanto, y para quien acepte la metáfora, hacia el cielo por última vez.
No podía ser mal tipo. Máxime cuando para el recuerdo tenemos además de sus hazañas sobre el asfalto detalles de calidad como persona. Una de ellas, representada por la foto que encabeza esta entrada, en la cual uno puede observar la sentada que encabezó luego del mencionado caso Festina y por el cual se querían empezar a tratar a los ciclistas como a delincuentes. Pero los ciclistas con el fuerte apoyo del de Cesenatico dijeron basta. Es cierto que podría haber una imagen más representativa de lo que ha sido Marco, tal y como la que decora la columna derecha del blog, pero no más significativa de cómo era en el fondo. Era el bucanero del asfalto. El Robin Hood del espectáculo. Un ángel vestido de rosa o de amarillo, calvo, con perilla y con pendientes de aro a lo macarra, pañueleta y ante todo persona. Era Marco Pantani. Único.
Por eso, toda cuanta palabra le pudiese dedicar no serviría de nada. Sería insuficiente a mi modo de ver. Así que lo mejor que puedo hacer para compartir este momento es mostrar algo más. Aquí os dejo con unas cuantas fotos, vídeos y unos enlaces que muestran algo más de su historia, eso sin contar con el mini-reproductor en el que sonará siempre que vosotros queráis la canción más famosa que se le haya dedicado (es la única que conozco pero no me extrañaría que hubiera más).


Información complementaria:
Lo mejor de Pantani en vídeo:


Lo mejor de Marco Pantani en imágenes:
El PirataMarco bajo la lluviaCronoescaladaGrande MarcoTour 1997Qué bien sabe si sufresPor fin en ParísA falta de una, dosAtaque en Courchevel 2000 Y hasta hizo de gregario¿Me sigues Lance?Victoria CourchevelMont Ventoux 2000 El último ataque de PantaniVictoria agridulce Sufriendo como él solo sabeDos grandes del ciclismo italiano


Por Marcos Pantani

 
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